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Κυριακή, 19 Μαΐου 2013

Lectura Evangélica Mrc 15, 43 – 16, 8 Domingo de las Mirroforas.Ευαγγ.Ανάγνωσμα: Μαρκ. 15, 43 – 16, 8 Κυριακή των Μυροφόρων

 
Ευαγγ.Ανάγνωσμα: Μαρκ. 15, 43 – 16, 8
Κυριακή των Μυροφόρων
Lectura Evangélica Mrc 15, 43 – 16, 8 Domingo de las Mirroforas

15, 43 José de Arimatea, diputado, miembro noble del concilio, que también esperaba la realeza de Dios y había creído a Cristo, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.
44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto.
45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José,
46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían.

16, 1 Cuando pasó el sábado día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.
2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol.
3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?
4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.
5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.
6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.
7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.
8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.

Domingo de las Mirriforas – «Buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron»
Hoy, tercer Domingo de Pascua, nuestra Iglesia venera dos grupos de personas: el primero es constituido de dos hombres, José de Arimatea y Nicodemo. El segundo grupo son las mujeres mirroforas (o portadoras de mirra o perfumadoras). José de Arimatea y Nicodemo son testigos reales de la verdadera muerte de Jesús Cristo y de su entierro; y las mirroforas son el mensaje alegre de la Resurrección de Cristo que a continuación tuvieron experiencia inmediata de la Resurrección del Señor Resucitado.
 La Resurrecciónn del Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios y hombre) Jesús Cristo es la victoria de la vida sobre la muerte; el Cristo con su muerte derrotó la muerte y nos ha regalado la vida eterna. «Muerte ¿dónde está tu aguijón? Cristo ha resucitado y a ti te ha humillado; Cristo ha resucitado, y los demonios han caído; Cristo ha resucitado y los ángeles se regocijan; Cristo ha resucitado y reina la vida…» (San Juan Crisóstomo, “Domingo de Pascua”).
El Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios y hombre) con su pazos-padecimiento, la crucifixión voluntaria y Su resurrección, definitivamente ha redimido a nosotros los hombres de la desesperante corrupción y la muerte, regalándonos la vida eterna. «El Jesús resucitando de la tumba, tal como predijo, nos ha regalado la vida eterna y la gran misericordia (increada (Maitines del Domingo de Pascua). El Señor da vida a todos aquellos que estaban condenados a permanecer en las tumbas y asegura la resurrección de todos los muertos. Además esto se ve claramente en el himno del período de Pascua: «Cristo ha resucitado de los muertos, con su muerte pisoteó la muerte y los que están en las tumbas les ha regalado la vida». El resucitado Señor transfunde en nosotros la inmortalidad y la incorrupción para siempre. Con la luz increada de Su Deidad disuelve la oscuridad de la cárcel de las psiques y vivifica las psiques de los difuntos. Así el acontecimiento de la muerte se constituye en un pase o transición de la vida temporal a la eterna.
 Por supuesto que, por nuestra naturaleza humana, casi es imposible no asustarse, sufrir y llorar ante el acontecimiento de la muerte, porque inicialmente era algo totalmente ajeno a nosotros. El mismo Señor como hombre perfecto llora ante la muerte de Su amigo Lázaro (Jn 11,35) y le domina una agonía cuando se va acercando la detención y la crucifixión de Él: “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lc 22,44). También por la muerte del Señor Sus discípulos lloran (Lc 23,17) y las mujeres mirroforas también (Jn19,11).
Sin embargo, a causa de la certeza de la Resurrección, el dolor ante el acontecimiento de la muerte no nos conduce a la desesperación, sino que está vinculada con el consuelo divino. El Metropolita de Mesogia Nikólaos dice característicamente: «Sin el Dios se explicaría la muerte. Con error sobre Dios tampoco te consuelas. ¡Qué tremenda es que nuestra Iglesia, predica a Dios Crucificado! ¡Tan honrado y tan verdadero! ¡Qué revolucionario y subversivo para nuestro pensamiento! Confiesa a Dios que para los helenos es tontería y para los judíos escándalo. Un Dios voluntariamente vencido, que la recta lógica humana no aguanta. Un Dios que es confesado con el sacrificio de tantos y tantos mártires y triunfa. Un Dios que al ser perseguido vivifica y mortificado resucita» (“Allí donde el Dios se ve, pag 212-213)”.
El Jesús Cristo, el Hijo del Dios vivo, es aquel que de la inexistencia nos ha creado. Intentemos pues, acercarnos a abordar la luz increada de la Resurrección. Saboreemos junto con la Mirroforas y los Apóstoles la experiencia de la nueva vida e incorruptibilidad. Intentemos hacernos partícipes de la eternidad a través de la Iglesia y sus misterios*, para tener la certeza de la Resurrección incluso durante la Segunda Presencia del Señor. ¿Así sea!
Andreas Papamijail, teólogo de Mitrópolis de Konstantía. Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ
*Misterio y vida mistiríaca Μυστήριο (mistirio, misterio, sacramento). Del Gran Léxico, autor y traductor χΧ jJ www.logosortodoxo.com
«Y conozco al tal hombre, si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios los sabe, que fue arrebatado al paraíso, donde escuchó logos, verbos inefables, que no le es dado al hombre expresar» (2ªCor 12,3-4).
La palabra Helénica misterio significa “iniciación”, “secreto” y “revelación y secreto”. El Cristianismo heredó este concepto y por extensión es “apocálipsis-revelación de Dios”.
Los Misterios son a la vez símbolo y Misterio. Mientras el misterio permanece oculto a los rituales, está en el nivel de lo simbólico e iconográfico. Pero cuando es recibido y la jaris (increada energía) energiza, entonces los Misterios revelan las cosas que están detrás del “velo”. Misterio lleva doble significado, es decir, de algo que está oculto y se revela y a la vez enigma y apocálipsis-revelación.
Pero dentro de la Iglesia los misterios son interminables. Porque dentro de ella todas las cosas liturgizan, funcionan de una manera misteriosa, para que revelen la realeza (luz y energía increada) de Dios. La terapia ascética conecta y se asocia inseparablemente con los Misterios de la Iglesia.
La terapia ascética ortodoxa conecta y se asocia inseparablemente con la vida mistiríaca de la Iglesia. Se trata de la catarsis (sanación), la iluminación y la zéosis o glorificación, que encontramos en toda la enseñanza patrística de la Iglesia. Es dificil que uno crea en la vida Mistiríaca de la Iglesia, si antes no entiende primero, qué significa la palabra “Misterio”. Misterio es algo que vemos que se celebra o realiza, pero es difícil para el espíritu y mente humana entender como se celebra. Si comprendiésemos el modo de realización del Misterio entonces no sería Misterio, sino una praxis-acción acostumbrada de la vida diaria.
Por ejemplo: decimos que el Dios es Trinitario. Os pregunto: ¿quién de nosotros entiende el Misterio de la Santa Trinidad? ¡Tres Personas dentro de una esencia! Este Misterio juzgado o razonado por la lógica humana es paradójico. Pero si uno lo ve con la dimensión de la Fe, entonces entiende que no es paradójico, sino superlógico. Quién puede entender, qué es Dios. Es decir, ¿cuál es la esencia de Dios? ¡NADIE! Y a pesar de eso, creemos en Dios. No porque le entendemos, sino porque sentimos místicamente Su presencia y saboreamos con el corazón Su agapi (amor como energía increada). Es decir, podemos entender las increadas energías de Dios, pero no Su Esencia, tal como, muy bien, han teologizado los grandes Padres de la Iglesia Ortodoxa. Veamos en la Escritura lo que dijo Dios a Moisés, cuando pidió de Dios que le enseñase su Doxa-gloria: “…yo pasaré delante de ti mi gloria… no puede el hombre verme, ver mi rostro y quedar con vida….” (Ex 33 18-20).
Lo mismo ocurre también con todos los temas de la fe que superan las leyes naturales. Los “vemos sin verlos”, “los conocemos sin conocerlos, comprenderlos”, porque todos están enrollados dentro del “divino gnofos”, (san Gregorio de Nicea). (Gnofos, luz que supera toda luz”. Los vivimos y participamos en ellos sólo con la fuerza de la Fe. Si insistimos en creer sólo a lo que entendemos con nuestra lógica limitada, estrechamos inimaginablemente nuestro horizonte espiritual y finalmente no podemos ser Cristianos. Porque, en definitiva, “fe es la hipóstasis (base substancial) de la esperanza de cosas que se esperan y no se controlan y la prueba de aquellas que no se ven, (Heb 11,1). Y es cierto que la fe verdadera presupone humildad, con la cual atraemos la jaris (increada) de Dios. Porque “el Dios resiste, se contraria a los orgullosos, en cambio a los humildes los da Jaris” (Sant 4,6). El humilde que confía a Dios más que a su lógica, con la jaris (gracia, energía increada) de Dios puede entender los Misterios de la Iglesia.
Así, entendemos que, una cosa es el misterio y otra el dogma. Cuando los santos llegan a la experiencia de la doxa-gloria de Dios, viven y ven que Dios es luz, pero entonces también Dios permanece misterio, ya que no pueden llegar a la unión por esencia. La unión del santo con Dios durante la experiencia es mediante la energía increada y no por esencia. Por eso la Santa Trinidad aún en esta experiencia permanece misterio. Aquello que se puede hacer comprensible lógicamente, es el dogma sobre el misterio de la Santa Trinidad. Así los santos Padres la co-participación a la doxa increada de Dios, la cual permanece misterio, también durante la zeoría-contemplación, la expresan con terminología y la hacen dogma que se puede entender. Una cosa es el misterio y otra el dogma sobre el misterio de la Santa Trinidad. Por eso los Padres hacen uso diferente de la terminología de cada época. Pero cuando en un Sínodo ecuménico se determina el significado concreto de la terminología, entonces permanece invariable.
Por lo tanto, el dogma expresa y formula la experiencia de la apocálipsis (revelación), pero nunca la comprensión del dogma significa que paralelamente se entiende el misterio de la Santa Trinidad, que es inexplicable e incomprensible aún hasta su manifestación. Los Padres dicen que los santos ven invisiblemente y escuchan inescuchablemente, y coparticipan in-participadamente y entienden incomprensiblemente a Dios.
Traducido χΧ jJ www.logosortodoxo.com (en español)

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