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Σάββατο, 1 Ιουνίου 2013

SAN GREGORIO PALAMAS EN LA HISTORIA Y EL PRESENTE Por Georgios Mantzaridis, Universidad de Thesalónica

 
ΠΡΑΚΤΙΚΑ ΔΙΕΘΝΩΝ ΣΥΝΕΔΡΙΩΝ ΑΘΗΝΩΝ ΚΑΙ ΛΕΜΕΣΟΥ
SUMARIOS DE LOS CONGRESOS INTERNACIONALES DE ATENAS Y LEMASOL DE CHIPRE
ΓΕΩΡΓΙΟΥ ΜΑΝΤΖΑΡΙΔΗ: Ο ΑΓΙΟΣ ΓΡΗΓΟΡΙΟΣ Ο ΠΑΛΑΜΑΣ ΣΤΗΝ ΙΣΤΟΡΙΑ ΚΑΙ ΤΟ ΠΑΡΟΝ.45
SAN GREGORIO PALAMAS EN LA HISTORIA Y EL PRESENTE
Por Georgios Mantzaridis, Universidad de Thesalónica

San Gregorio Palamás es el mayor teólogo ortodoxo del siglo 14º y uno de los grandes en la historia de la Iglesia Ortodoxa... (Omitimos las dos páginas siguientes porque tratan de la vida de san Gregorio y la historia del conflicto, puesto que en otro sitio lo hemos traducido con el título «el camino de san Gregorio Palamás).

Ἡσυχία hisijía no significa inactividad o apraxía, sino la alerta, vigilancia continua y preparación para acción y creación. Como la humanización de Dios ha renovado el mundo y es un «misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eterno » (Rom 16,25) y el Cristo es el Logos «que proviene del silencio» (S. Ignacio), así también la verdad y la vida cristiana se engendran y nacen en la hisijía. «Libraos de las cosas terrenales y conoced que yo soy el Dios verdadero» (Sal 45,11). Con la noerá hisijía (paz y serenidad interior del espíritu del corazón psicosomático) es frenado el envanecimiento del nus y se restituye la unidad de las fuerzas y energías psíquicas del hombre y se logra “la ocupación o estudio sobre Dios”. Así ya el hombre puede ofrecerse a sí mismo enteramente a Dios según el primero y gran mandamiento (Deu 6,5)8.

La hisijía como «estudio y nipsis de los interiores» prepara la explosión creativa de la fe. Esta da el tono y el aliento a la teología ortodoxa y la vida cristiana. Por eso la hisijía constituía desde el principio la matriz de la ortodoxia. Esta vivió, defendió y describió san Gregorio Palamás en sus escritos.
La persona y la enseñanza de san Gregorio Palamás se han hecho conocidas enseguida en todo el mundo ortodoxo y fortalecieron decididamente su vida eclesiástica y social. Es característico que de sus obras se tradujeron gran número en serbio-slavón, mientras vivía aún el mismo, cosa que demuestra la gran repercusión que tuvo su enseñanza en Serbia11. La intensa guerra y propaganda que ejercieron los latinos contra el santo y su enseñanza durante los cuatrocientos años de esclavitud turca, no perjudicó la piedad y devoción de los fieles hacia san Gregorio sino que la aumentó...
Hoy la teología hisijasta se encuentra en el epicentro de las exploraciones y trabajos teológicos en el campo de la Ortodoxia y es el catalizador más preciado para toda la teología cristiana de Oriente y Occidente, a fin de que vuelva a encontrar su fondo y el dinamismo real dentro del torbellino de provocaciones de nuestra época.
Después de san Juan el Damasceno, que vivió el siglo 8 y resumió la enseñanza dogmática y el contenido Cristocéntrico de la vida cristiana, empezó un período nuevo. Esta se caracteriza, por un lado sobre más proyección de la teología empírica o por experiencia, y por otro lado para el desarrollo del típico conservadurismo y del humanismo cristiano. Es decisiva la polémica de san Simeón el Nuevo Teólogo contra los teólogos de su época, que excluían la capacidad del hombre de conocer sensiblemente la jaris (gracia, energía increada) que ofrece Dios.
El espíritu del típico conservadurismo y del humanismo del siglo 14º proyectan y ponen de relieve a Bizancio, el Barlaam de Calabria y otros teólogos como Gregorio Akíndinos y Nikiforos Grigorás. Los últimos a pesar de que condenaban algunas tesis de Barlaam, ellos teologizaban estática y racionalmente. San Gregorio Palamás refutó la teología de ellos teniendo como base la tradición viva de la Iglesia. Así la voz de la tradición, que en esta nueva época con sus nuevos problemas tendría que ser también nueva y se ha escuchado del teólogo que «sufrió, padeció y experimentó lo divino», tal y como ocurría siempre con los Padres de la Iglesia.
En la base de la teología patrística de san Gregorio Palamás está la experiencia de la presencia de Dios dentro en la historia. Y esta experiencia no se aborda con búsquedas racionales, sino con aceptación θεοπρεπής (según el modo, manera de Dios o como Dios manda) de la divina economía.
El Yérontas Sofronio Sajarof una de las mayores figuras patrísticas de este siglo, decía que: sin san Gregorio Palamás hoy no podríamos corresponder a nuestra época. La teología de san Gregorio ofrece la base para el desarrollo de la autoconciencia ortodoxa y la expresión del testimonio ortodoxo de nuestra época. Por eso este renacimiento y renovación de la teología ortodoxa, que se observa desde la mitad del siglo pasado en el mundo eslavo y en el helénico, conecta directamente con la teología de san Gregorio Palamás. Esta teología, encarnaban al mundo eslavo san Serafín de Sarof y San Juan de Crostanda. Como acertadamente se ha apuntado, la escuela de la diáspora Rusa, la escuela serbia de San Justino Pópovits y la rumana de Dimitri Staniloae, tomaron el sobrenombre de Neopalámicas. Finalmente en la misma teología fue basado el renacimiento teológico también en el mundo helénico.
La actitud de la teología romanocatólica frente a san Gregorio y su enseñanza, como hemos dicho, fue desde el principio fanáticamente enemiga, negativa y polémica. Su principal representante sobre todo los primeros decenios del siglo pasado fue Martin Jugie, quien sostenía que «el palamismo como dogma de la Iglesia heleno-rusa realmente ha muerto». Una actitud similar, intentaron mantener más tarde teólogos neo-escolásticos, a través del periódico Instina. Estos sostenían que la enseñanza de san Gregorio Palamás provino de la interpretación equivocada de la teología de los Padres de la Iglesia, especialmente de los teólogos Capadocios y de san Máximo el Confesor15. Estos teólogos papistas escolásticos y nuevo-escolásticos, abordan la enseñanza de san Gregorio Palamás con las categorías de la teología escolástica o nueva escolástica, excluyendo el carácter ontológico (existencial) de la zéosis del hombre. Pero así es normal que la malinterpreten, como han malinterpretado también toda la tradición anterior que él sigue.
Serias interpretaciones malas de la teología de san Gregorio Palamás, se han presentado también por parte protestante, pero se reestructuraron no sólo por ortodoxos sino también por teólogos protestantes y romanocatólicos.16 Es muy característico que muchos engaños y errores de antiguos teólogos romanocatólicos han sido examinados y se derogados con atrevimiento dentro de los marcos de la misma teología papista o romanocatólica. Así tenemos estudios serios por teólogos romanoocatólicos que manifiestan un progreso esencial en la interpretación de la enseñanza de san Gregorio Palamás.17 Es importante este fenómeno, porque aquí no se trata de una diferencia cualquiera sino «para el misterio de la kinonía-comunión y unión con Dios y el hombre, que se encuentra en el corazón del mensaje cristiano»18, como acertadamente se recalca por un teólogo romanocatólico.
Pero cuando se considera como hecho que la enseñanza de san Gregorio Palamás concierne esto que se encuentra en el corazón del mensaje cristiano, y acto seguido, esta enseñanza se acepta como correcta y acorde con la anterior tradición patrística, se hace la siguiente pregunta fundamental: ¿Puede esta enseñanza calificarse simplemente igual de lícita con aquella que la rechaza, es decir, la occidental? O ¿pueden estas dos tradiciones occidental y oriental considerarse como dos maneras distintas de acercamiento a un misterio, es decir, al misterio de la zéosis kinonía- unión y comunión con Dios y el hombre, que se encuentra en el corazón del mensaje cristiano?
Creemos que la respuesta aquí es evidente, no puede ser positiva. El misterio de kinonía unión y comunión de Dios y el hombre, no es un fenómeno objetivamente observable que puede ser considerado y descrito de distintas fases, formas o abarcamientos. Este misterio es personal o kinonía-comunión existencial que se realiza o no se realiza. Si es verdad la tesis de san Gregorio Palamás que existe comunión-kinonía pragmática, verdadera con Dios y el hombre y que esta comunión pragmática es posible, puesto que el Dios aparte de la esencia increada que es inabordable, inaccesible, no participe e invisible, también tiene energías increadas que son abordables, accesibles, visibles y participes por el hombre, entonces no puede ser verdad la opción de los occidentales. Y si es verdad la opción de los occidentales que a causa de la sencillez divina, tal como ella se da a entender en la filosofía y la teología escolástica, no existe discernimiento de esencia y energía a Dios, y que la comunión del hombre y el Dios se realiza con el refuerzo de las fuerzas naturales del hombre, entonces no puede ser verdad la enseñanza de san Gregorio Palamás. De todos modos, la comunión de Dios y el hombre es un hecho ontológico y comunión-kinonía existencial, entonces no se agota y concluye en cualquier perfeccionamiento ético. Y si se realiza y concluye en cualquier perfeccionamiento ético, entonces no puede ser un hecho ontológico y una comunión existencial.
Finalmente el misterio de la kinonía-comunión de Dios y el hombre no es teórico sino un hecho eclesiástico. No se realiza y concluye en el espacio de la teología teórica, sino en la vida de la Iglesia. Esencialmente se identifica con el mismo misterio de la Iglesia. El acercamiento justo y correcto a la teología de san Gregorio Palamás que ha empezado de emprender Occidente, es normal que alegre la Iglesia Ortodoxa. Pero la impresión de que esta teología se puede aislar de su base eclesiológica y ser utilizada como complementaria, paralela y añadida a una otra eclesiología, no se reconcilia ni aviene con su correcta compresión y aplicación.
La diferencia entre la teología hisijasta y antihisijasta o de tipo oriental u occidental consiste en la aceptación o no de la comunión pragmática de Dios y el hombre. Consiste en la aceptación o no de la Iglesia, como comunidad de kinonía-comunión y unión, es decir, de zéosis (o glorificación, deificación, por la jaris energía increada). Utilizando lo subrayado de san Simeón el Nuevo Teólogo, lo que hizo sobre la teología humanística de su época, podríamos decir que en la opción y opinión de los anti-hisijastas no tenemos sólo una simple desviación o herejía, sino plena derogación, falsificación y degradación de la obra de la divina economía. «Herejía» dice san Simeón, es «la desviación y falsificación de los textos de nuestros dogmas sobre nuestra fe ortodoxa», en cambio la opción y opinión de que no existe una comunión pragmática con Dios «deroga y anula la economía entera de Dios y nuestro Salvador Jesús Cristo y niega claramente la renovación de la corrompida y desgastada imagen del hombre...»19.
Estas dos aproximaciones, pues, sobre el misterio no son alternativas. Más exacto aún, aquí no se trata de dos aproximaciones, sino de una aceptación de la vivencia y experiencia del misterio y de un intento de aproximación intelectual al misterio que resulta a la frustración de la aceptación de la experiencia y su vivencia. San Gregorio luchó hasta la saciedad para la aceptación, viabilidad y experiencia del misterio de la Iglesia. Así sostuvo la Ortodoxia. Defendió la auténtica tradición de la Una Iglesia indivisible que había desde el principio en Oriente y Occidente. Por eso su presencia en la historia y el presente de la teología cristiana tiene un lugar muy importante e interesante.
La descomposición de la teología de la experiencia y la autonomización de la vida cristiana de la Iglesia que hemos tenido en los nuevos tiempos han paramorfoseado, transfigurado al Cristianismo y han beneficiado la mundanación (el humano-centrismo o secularización). Y como la mundanación se ha consagrado primero en Occidente, para luego divulgarse como importación también en Oriente, la superioridad en este aspecto de los occidentales es obvia. Por eso era normal que las en-mundanizadas sociedades de Oriente se mantengan en desventaja con las mundanizadas sociedades de Occidente y muchas veces por tener necesidad en que sean enseñadas de ellas (a nivel de lo creado, tecnología, energías y luces creadas etc., y no de lo increado, luz increada y energías increadas).
Esto se ha observado también en el espacio de la teología. La teología académica que empezó a cultivarse desde el siglo anterior con la creación de la primera escuela teológica de Thesalónica, empezó a cultivar los modelos de las escuelas Occidentales, especialmente las alemanas. Parecida fue también la tendencia de la teología en el más amplio espacio ortodoxo. Con el principal cuidado la diferenciación típica de la Ortodoxia de las restantes confesiones occidentales o simultáneamente con la polémica contra el romanocatólicismo y el protestantismo, que se hacía en su mayoría con argumentos que provenían de sus contrarios de cada época; así se ha desarrollado una teología ortodoxa peculiar con metodología occidental. Pero si en cualquier ciencia la metodología define hasta cierto punto también su contenido, en la teología esta elección es totalmente decisiva. Si desde el principio se rechaza la capacidad de gnosis empírica o por experiencia de Dios y se reconoce sólo una aproximación simbólica, tal como sostenían Barlaam y sus aliados, entonces toda la teología se coloca en una base totalmente distinta. La exclusión de la metodología empírica altera la naturaleza de la teología.
Cuando la teología no está unida y conectada con experiencia de la Iglesia y se cultiva como ciencia intelectual con sus particulares objetivos gnósticos, que a menudo son independientes entre sí o inconexos, no sólo se recorta y se desvía de su fuente, sino que peligra en perder su seriedad desde la clara opción metodológica. Y esto ocurre porque no es posible entenderse, conceptuar y presentar correctamente el objeto de una investigación, cuando esto se separa y se aleja de su marco natural.
La teología académica estuvo en la mayoría de los casos indiferente o a veces burlona frente a la teología empírica. Cierto que no dudó directamente el dogma ortodoxo, pero ni se interesó particularmente sobre sus presuposiciones y los términos de su mantenimiento. Los Escritos y las colecciones de los Padres de la Iglesia se afrontaron en su mayoría como textos histórico-filológicos. La dogmática, la ética y generalmente la llamada teología sistemática se formó según los modelos occidentales. Los dogmas se afrontaron como conceptos que se conciben con el pensamiento del hombre y no tienen una relación particular con su vida. Correspondientemente la ética se ha presentado con conceptos que no tienen ninguna relación con el dogma cristiano, es decir, con la esencia de la fe.
En este camino se encontró también la Escuela Teológica de la Universidad de Thesalónica, que fue creada el 1942. Sin embargo, el interés sobre los estudios y la amplia propagación de los textos patrísticos, particularmente la ocupación y estudio sobre los textos de san Gregorio Palamás, formaron un clima nuevo y contribuyeron en el despertar de la autoconciencia ortodoxa. Esto se hizo muy sensible también con la renovación teológica de la década de los sesenta.
Esta renovación teológica conecta con el giro hacia la tradición patrística. Pero esencialmente se delimitó en la utilización repetida de la tradición y en la proyección selectiva de las enseñanzas básicas de la Ortodoxia, -como discernimiento de esencia y energía en Dios, participación de la divina energía increada, contemplación o expectación de la increada luz, la zéosis- ya en contraposición con occidente. En este clima se ha formado también la llamada “neoortodoxia”, que emprende combinar la enseñanza dogmática y la ascética de la Ortodoxia con la contemporánea mundanación o secularización.
Pero los fenómenos importantes durante este período fueron la recuperación del monaquismo de la Santa Montaña de Athos con pionero el Yérontas José el Hisijasta y la imperiosa presencia de grandes Padres espirituales en la Iglesia Ortodoxa, como los Yérontas o Starets espirituales Porfirios, Paísios, Efrem, Jacobo, Justino, Sofronio… que encarnan la auténtica teología. Estos Yérontas han ejercitado una gran influencia a la tripulación de la Iglesia, en cambio algunos de ellos, los que más estudios tenían, influyeron y siguen influyendo con sus escritos teológicos también a la teología académica.
En todo caso dentro del clima de mundanación o secularización que se desarrolló en la segunda mitad del siglo pasado, era natural que se debilitaran las diferencias dogmáticas de los Cristianos de Oriente y de Occidente. Sobre todo en relación con esta persecución del nuevo ideal de sociedad mundanizada, secularizada y humanocéntrica que fue proyectado después de la segunda guerra mundial y tomó dimensiones universales, el ideal de desarrollo económico, casi todo el mundo ortodoxo se encontró en la cola. El espíritu de bienestar material y el indomable hedonismo, que fueron cultivados en los países desarrollados económicamente, fueron transmitidos a nivel internacional. Con estos datos no es difícil entender la amplia propagación del sincretismo y el minimalismo dogmático también entre los teólogos ortodoxos.
¿Qué interés y significado puede tener el discernimiento de esencia y energía sobre Dios, o la enseñanza de la zéosis del hombre por la Jaris (gracia energía increada), cuando el único interés de todos es el ingreso monetario por cabeza? ¿Qué sitio puede tener la conducta ascética de la Iglesia, dentro en la apoteosis del bien estar material y la voluptuosidad o el hedonismo corporal? El clima de nuestra época que cultiva el pazos de la autodeificación o endiosamiento no se reconcilia con el anhelo de la zéosis. A continuación este clima de hoy oscurece el nus (el espíritu del corazón de la psique), mortifica (espiritualmente) su espíritu y le conduce a la plenitud de la mentira, la falsedad y el autoengaño.
Exactamente esta impugnación a la falsa autodeificación o endiosamiento, hace actual y oportuna en nuestros días la verdad de la zéosis que propone la Iglesia Ortodoxa y defiende san Gregorio Palamás. La zéosis no constituye una teoría nublosa o un concepto metafísico, sino un atributo, cualidad y particularidad de la Iglesia. La Iglesia es comunidad de kinonía-comunión y unión, es decir, de zéosis. Cuando deja de funcionar como comunidad de zéosis, deja de existir también como Iglesia. El hombre no se sana ni se salva cuando mejora éticamente, sino cuando supera y se libera ontológicamente de la corrupción y la muerte que torturan su naturaleza. La verdadera participación en la incorruptibilidad y la inmortalidad no se realiza con consejos éticos o teorías dogmáticas, sino con participación personal en la divina vida increada. Por eso también este discernimiento de esencia y energía (increadas) de Dios que hace posible esta participación es de importancia capital. Sin este discernimiento nos conducimos a la creada metafísica filosófica y resultamos en la mundanación, secularización (no hay unión y comunión de lo increado con lo creado mediante la increada energía de Dios Trina).
La enseñanza de san Gregorio Palamás defiende y salvaguarda la capacidad del hombre para la zéosis, frente al acecho del peligro de la autodeificación. Este peligro dentro en la historia se ha fortalecido por la teología humanocéntrica y escolástica y hoy es una amenaza seria en conducir a una tragedia universal. La teología de san Gregorio Palamás mantiene abiertos los horizontes de la zéosis y es la única que anula esta tragedia y nos libera de ella. La humildad y la inmensurable agapi-amor que presupone la zéosis, son los antídotos auténticos para la arrogancia y el egocentrismo de la autodeificación que caracteriza nuestra época. Y el camino de la zéosis es aquel que puede cambiar la confusión y la multi-división del mundo en unificación y perdón de la persona humana según su prototipo o modelo el Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios y hombre) Cristo.
G. Mantzaridis, profesor de la Universidad de Thesalónica.
Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com (en español)





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